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Entrevista a Fabián Forte, director de ‘La Corporación’

el  Lunes, 14 Julio 2014 10:02 Escrito por 

“Hay que ser un apasionado del cine, un loco al que no le importa nada”

El nombre de Fabián Forte ha comenzado a resonar con intensidad desde hace unos años. Responsable de la terrorífica ¡Malditos Sean! (2011), co-dirigida con Demián Rugna, el thriller La Corporación (2012), de reciente estreno en Argentina, y la comedia Socios por Accidente (2014), co-dirigida con Nicanor Loreti y pronta a llegar a las salas, Forte es un hombre experimentado en el ámbito del cine que conoce al detalle el oficio del director. Claro en sus conceptos y un fanático absoluto del cine de género fantástico y de terror, Scifiworld LA tuvo la oportunidad de entrevistarlo, y esto es lo que nos contó.

¿Cómo empezaste en el mundo del cine? ¿Qué fue lo que te inspiró?

Empecé viendo muchas películas, de chico. Mis padres eran comerciantes, nunca tuvieron nada que ver con el mundo del arte, y mucho menos con lo que es la industria cinematográfica. Y yo siempre estuve como obsesionado por el cine. A los 12 años trabajé en un videoclub hasta los 20. Ahí vi muchísimas películas. Iba a visitar a una chica que me gustaba y que trabajaba en el lugar, y que me recomendaba películas. Un día el dueño me dijo que me podía pagar un sueldo por hacer ese trabajo. Eso me permitió ver mucho cine. Por eso tuve la necesidad de hacer cortos mucho antes de empezar a estudiar la carrera. En 1993 ya estaba haciendo mis primeros cortos, de género fantástico. Descubrí lo que era un cortometraje con Adrenalina (1990), una película francesa. Entonces escribí una historia de más o menos 10 páginas, me junté con 4 amigos y lo filmé con una Panasonic 9000. Lo edité en la isla de un amigo. Y así empecé. Empecé a tener cada vez más confianza, porque a algunas personas les gustaba lo que hacía. Eso siempre te genera confianza. Hice 8 ó 9 cortos y llegué a ganar un premio de Telefé Cortos (N. del E.: Telefé es un canal de televisión argentino) por un cortometraje que se llamaba Dosis. Creo que fue mi octavo cortometraje. Y eso se abrió a la popularización. Yo ya creía en mí, pero faltaba que los demás lo hicieran.


¿Ya habías estudiado cine?

Sí, estuve 6 ó 7 años golpeándome la cabeza para saber cómo podía hacer para vivir de esto. Y Dosis fue significativo para mí porque en ese momento decidí dedicar mi vida al cine. Dejé lo que estaba haciendo que era trabajar de cualquier otra cosa. Un año antes había hecho una película que se llamaba Mala Carne (2003) con un grupo de amigos. La hice en 5 días. Todo pasaba en una casa. Y esa película tuvo la suerte de ganar en paralelo al premio del corto de Telefé un festival de Estados Unidos. La compraron y me dieron 20.000 dólares. En esa época era mucho dinero porque el dólar en Argentina estaba 3 pesos a 1 y yo la película la había hecho con 500 pesos. Todo eso me dio mucha seguridad. Eso fue lo que me decidió a abandonarme y buscar trabajo de lo que fuera en el mundo del cine. Y el primer trabajo salió como asistente de dirección en una película que se llamaba Los Inquilinos del Infierno (2004). Había aprendido el oficio gracias a los cortometrajes. Me llamó Sergio Eskenazi para hacer una película de terror en ingles llamada Interferencia (2004). Después hicimos Visitante de Invierno (2006), que fue la primera película de terror argentina que se estrenó en salas 20 años después de Alguien Te Está Mirando (1988). Se fue corriendo la voz y pasé a estar en manos de Daniel de la Vega y Demián Rugna, en principio para hacer películas de terror; después se fue abriendo cada vez más. Mientras yo hacía mi carrera de asistente de dirección, que es con lo que vivo hoy en día, porque todavía sigo trabajando de asistente de dirección, hice ¡Malditos Sean! de manera independiente. Conocí productores, de manera que los Mentasti tomaron La Corporación. Y hace poco grabamos con Nicanor Loreti Socios por Accidente. Así fue que se armó mi carrera. Mi trabajo como asistente me sirvió básicamente para conocer gente, más allá de meterme en la industria y conocer el oficio.


¿Y qué considerás que fue lo que te dio todo lo que tenés ahora?

Pisar mucho con los pies en la tierra. Muchos directores, cuando quieren hacer su película, escriben un guión, están 4, 5 ó 6 años buscando financiamiento y se ponen a hacer la película sin tener la experiencia previa que tiene un asistente de dirección que está rodeado por todo eso. Yo como asistente puedo hacer 3 ó 4 películas por año. Entonces, a la hora de hacer un plan de rodaje, conozco muy bien todas las cosas que pueden pasar en el medio: los tiempos, cuánto se tarda en armar la cámara con un carro o con un steady… lo que sea. Todo eso el director muchas veces no lo sabe, entonces llaman al asistente para que les organice todo. Y ahí viene una lucha importante, porque los directores quieren hacer 30 planos por escena. Como asistente de dirección, uno gana ese entrenamiento y a la hora de hacer la película uno es más consciente de las posibilidades que tiene… más allá de los contactos y de las personas que uno conoce.


¿Dejaste de ser asistente de dirección cuando filmabas tu película?


No, nunca lo he dejado. Yo tengo a mi asistente que es Martín Armoya y el plan lo armamos a medias. Me es imposible desligarme de eso. Muchos directores no se ajustan al plan de rodaje. Ni siquiera tienen en claro ni se preocuparon en la etapa de pre-producción por informarse qué se filma en cada día del rodaje. Los directores que fueron asistentes de dirección quedan en evidencia porque están al tanto del plan de rodaje, saben que esa es la carta difícil.


¿Qué consejo le darías a los que se quieren lanzar a filmar o están inseguros acerca de si se puede o no vivir del cine?

Creo que se puede vivir del cine. Yo me tiré a la pileta. Hubo tiempos difíciles, pero vivo de esto ya hace 14 años. Lo más difícil para una persona de 20 ó 30 años es dedicar muchas horas a escribir un guión. Cuando te ponés a escribir, el resultado ese día te gusta, pero al otro día lo que escribiste te parece una basura. Yo creo que el objetivo que hay que ponerse a la hora de escribir un guión es terminarlo. Sea como sea. Después viene la pelea con el sistema y con la gente que te rodea en sí. Pero es muy posible vivir de esto, sobre todo hoy que todos tienen una cámara. Hay que apuntar a empezar haciendo cortometrajes. Los guiones tienen que ser sencillos, con pocos personajes, que tengan lugar en tu casa o en la casa de un amigo. Esa es la mejor manera de empezar. Es muy útil enviar los trabajos a los festivales. Entrar en la competencia da la seguridad de que uno está haciendo lo correcto, que se va por el buen camino. Esos son mis consejos. Que la rueda que uno empuja empiece a girar cuesta. Uno tiene que ser un apasionado del cine, un loco al que no le importa nada. Ninguna vida depende de nuestro trabajo, no somos cirujanos que cortamos mal y matamos a alguien, eso es lo positivo. Otra cosa es que cualquiera que dirige tiene que pensar que está contando una historia; no hay que pensar uno es un gran director. Uno siempre trata de ser el que quiere revolucionar el cine, y la verdad es que desde ese punto de vista nunca se llega a nada porque realmente uno siente que todo está hecho, que todo está inventado; yo creo que no, que las vueltas de tuerca son infinitas. Obviamente, encontrar un estilo propio lleva tiempo, pero hay que concentrarse en contar la historia y que se entienda lo que uno escribe, porque si tu película la entendés vos solo y no se entiende lo que está en el guión, entonces hay un problema de comunicación, y es algo que hay que solucionar.


¿Qué películas considerás indispensables para cualquier fanático del cine de género?

Uh, hay un montón… El Exorcista, Pesadilla en la Calle Elm, Posesión, con Sam Neill e Isabelle Adjani, El Resplandor, Evil Dead, que me parece una gran película… Una que me gusta mucho se llama La Serpiente y el Arco Iris, de Wes Craven; a mí me paralizó. La Noche de los Muertos Vivientes, La Masacre de Texas, Gremlins, Volver al Futuro, Brazil, 12 Monos, Un Hombre Lobo Americano en Londres, El Silencio de los Inocentes… son muchísimas.

 


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