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Entrevista a Eduardo Rodríguez: Sangre a la americana

el  Lunes, 15 Junio 2015 16:07 Escrito por 

Eduardo Rodríguez, venezolano ubicado en Los Angeles, tiene en su haber cuatro largometrajes que han alcanzado el título de películas de culto de gore latinoamericano. Scifiworld conversa con él por primera vez. 

Eduardo Rodríguez contesta la llamada y empieza a hablar sin acento venezolano. Lleva ya quince años fuera de Venezuela y tiene cuatro películas en su portafolio, junto a dos cortometrajes y dos capítulos para televisión. Ha filmado en Estados Unidos, México, Bulgaria y Rumania, y ha sido el director perfecto para los guiones que le han hecho llegar. Su primer cortometraje Symbiosis (2000) compitió en el Verna Film Award en la categoría de Mejor edición de sonido de filme estudiantil; y su segundo cortometraje, Daughter (2002), llegó a mano de los hermanos Weinstein, relación que resultó en Curandero (2005), su primer largometraje a partir de un guion de Robert Rodríguez -el mayor representante del cine serie B de la contemporaneidad pop-, y en un contrato para dos películas más.

Sus días están llenos de cine de terror de los 70, la época de la experimentación con el lado más oscuro del ser humano. Eduardo busca las respuestas de la vida en el cine de terror Dario Argento, Román Polanski, John Carpenter, Ridley Scott, Nicolás Roeg y David Cronenberg; en la poesía visual de Stanley Kubrick, Hong-jin Na, Chan-wook Park, Abdellatif Kechiche, Andrey Zvyagintsev; y en el trabajo de los documentalistas Andrew Jarecki, Malik Bendjelloul y Joshua Oppenheimer. Sus lecturas actuales también se enfocan en la línea entre la vida y la muerte: Working Stiff, de la médico forense Judy Melinek y The Devil and Sherlock Holmes de David Grann. 

En la filmografía de Eduardo Rodríguez vemos la multiplicidad de sus intereses: borbotones de sangre caliente enmarcan investigaciones policiales e historias sobre el narcotráfico, la culpa, la brujería, los celos, la juventud, la acción, la fama, el erotismo, el miedo, la enfermedad, la pobreza, la muerte, el dolor. La narrativa de sus películas oscila entre la siempre agradable fórmula estadounidense y un profundo respeto por las culturas underground que suele representar. La carrera cinematográfica de Eduardo apenas comienza, pero sin duda comenzó con fuerza.

Curandero, Stash House (2012), El Gringo (2012) y Fright Night 2: New Blood (2013) han generado públicos pasionales: amor u odio, nunca respuestas tibias. Curandero, un intenso viaje al mundo oculto del narcotráfico y la magia negra mexicana -y hecha casi exclusivamente con equipo mexicano- fue catalogada por algunos como una película de culto gore latinoaméricano. El Gringo, con Scott Adkins, Yvette Yates y Christian Slater, acerca de un hombre con un pasado sangriento que cruza a México con un bolso con dos millones de dólares y se queda varado en un pueblo, El Fronteras, gobernado por mafias criminales y policiales. Es una película de acción que se maneja con la fuerza de una montaña rusa. Su última película, Fright Night 2: New Blood, remake de la película de culto Fright Night (1985) del maestro del terror Tom Holland, lo posiciona nuevamente como un director con un estilo singular, intenso, atmosférico y marcado.

¿Por qué cine de terror? ¿Cuáles fueron los trabajos que te inspiraron a aproximarte al horror?
Empezó en la Universidad Católica Andrés Bello, cuando estaba haciendo el pregrado en Comunicación Social. El primer año tuvimos que hacer un cortometraje que titulamos El bloqueo. En esa época yo estaba leyendo Stephen King, recuerdo que uno de los primeros libros suyos que leí fue Cujo. Me estaba llamando la atención el tema del terror y una amiga nos recomendó adaptar una obra cuyo nombre realmente no recuerdo. Era una obra de teatro surrealista y de terror. Un señor vivía en su departamento y de repente todo a su alrededor todo empezaba a desaparecer. El señor se acababa de divorciar, y la esposa lo llamaba constantemente para regañarlo. Era todo una analogía de cómo el mundo se va resquebrajando. Al final no queda nada, su apartamento se termina disolviendo también. Imagínate hacer esto, con un presupuesto casi inexistente. Digamos que no fue nuestra mejor producción audiovisual.

Después de graduarme, cuando tuve la oportunidad de hacer mi primera película, querían que hiciera una película de terror y empecé a trabajar en un guion de Robert Rodríguez que había escrito quizás antes de El mariachi. Y ya. Eso fue todo. Una vez que uno se empieza a desarrollar en algo uno le agarra cariño. Yo ya del terror no me salgo. Siempre digo que las voces en mi cabeza me dicen que haga cosas de terror.

Curandero fue producida por los hermanos Weinstein. Algo leí acerca del mágico primer encuentro que tuviste con ellos, pero nunca contaron la anécdota.
¿Cómo que mágico? Si yo estaba de lo más nervioso. Yo estaba en la escuela en Tallahassee, FSU –Florida University- donde estaba haciendo el master en dirección de cine hasta el 2001 . Al final del master, 5 guiones y proyectos de los 25 estudiantes eran elegidos y serían los 5 proyectos finales del curso entero. Mi proyecto fue elegido, un cortometraje de terror que se llamaba Daughter. Los Weinstein lo vieron, y les gustó.

Mi roomate, David, me llama y me dice que Bob Weinstein había llamado, y que tenía que ir a la casa ya porque me iba a volver a llamar. Recuerdo que en ese preciso momento yo estaba editando mi reel, y ni siquiera sabía quién era Bob Weinstein. Me daba fastidio tener que volver a casa y dejar de hacer lo que estaba haciendo. David me dijo que no importaba lo que estuviera haciendo, que tenía que dejarlo e ir a la casa ya. Fui como enojado. Ni siquiera sabía para qué me estaban llamando. Vuelvo a casa David me explicó quién era Bob Weinstein. Tantas cosas me dijo que en diez minutos ya estaba temblando. Cuando me llamaron me preguntaron cuál era mi plan y si tenía un guion.

Creo que eso sí fue lo mágico del asunto: por pura casualidad acababa de terminar un guion con David. Después de graduarnos, David, con el que nunca había trabajado, me empezó a decir para hacer un guion. Yo soy muy flojo, no quería escribir un largometraje, pero tanto fue que insistió que le dije que volviera a Tallahassee a escribir algo juntos. Yo estaba trabajando en el diseño del sonido de la película de un profesor, y mientras trabajaba en eso durante el día, él escribía. En la noche, nos sentábamos a revisar las páginas que había escrito. Trabajamos todos los días y en 30 días teníamos un guion. Fue rápido y sumamente eficiente todo. Este guion lo terminamos el miércoles, y el viernes recibí la llamada de los Weinstein.

Me pidieron el guion y me invitaron a las oficinas de Nueva York. La semana siguiente estaba volando para allá. Ya estaba nervioso y me mandaron a recoger al aeropuerto con limosina. Lo único que pensaba era que si decía algo mal, algo que no les gustara, se iba a acabar el mundo. No podía meter la pata. Podía meter la pata en todo menos en esto. Además, te confieso que cuando me pongo nervioso empiezo a vomitar. Vomité en el aeropuerto en Tallahassee antes de salir y vomité cuando llegué a Nueva York. Me imagino que me veía tan mal que el señor que conducía la limosina me empezó a tranquilizar. Fue tan amable que llegué al edificio mucho más relajado. Pero al entrar al edificio, la primera persona que veo es a Robert De Niro. Tuve que vomitar otra vez. Ya después de vomitar tanto se me pasaron los nervios.

Los hermanos Weistein super amables. Habían leído el guion y me obligaron a comer helado para calmarme el estómago. Yo ni siquiera quería helado, entonces me pidieron de todos los sabores.

Y éste guion que le gustó a los hermanos Weinstein, ¿cuál es?
Es el guion de nada. Un guion que nunca se filmó. Se llamaba Symbiosis. Estaba basado en uno de mis cortos anteriores. Lo desarrollamos con Miramax como por un año. Bob nunca quedó contento con el resultado y por eso fue que salió Curandero. Yo tenía un contrato con ellos: si pasaba un año y la película no se hacía me tenían que pagar igual. Estábamos cerca de finalizar el año, trabajando todavía en el guion, y Bob me llama a la una de la mañana. Me dice que tiene el guion perfecto para mí, uno de Robert Rodríguez. Robert y Bob se la llevan fenomenal, y me dijeron que si quería hacer la película, empezábamos a hacer preproducción la próxima semana. Le dije que sí, e inmediatamente empezamos a trabajar. Volamos a Texas a hablar con Robert. Viví un tiempo en México mientras hacíamos preproducción, grabación y postproducción.

De Curandero lo que más me gusta es la forma en que trabajaron con el lenguaje visual. Es un trabajo sumamente sensorial y lúgubre. Me gusta mucho la dirección de arte a mano de Hania Robledo (Nacho Libre, Frida) y la dirección de fotografía Jaime Reynoso (The Glades). ¿Cómo fue el proceso de creación de los personajes y de los ambientes de la película?
Ese equipo de trabajo fue genial. Hania era jefe de departamento de dirección de arte -la supervisora- y Denise Camargo la diseñadora. No teníamos mucho presupuesto, y de verdad que lograron hacer mucho con lo poquito que teníamos. Fue bueno, porque efectivamente tener pocos recursos ayuda a la creatividad. Usualmente yo empiezo el proceso de creación a través de referencias fotográficas y de cine. Una vez han visto lo que quiero lograr, les doy libertad de hacer lo que quieran. No creo mucho en la micro gerencia. A mí no me interesa trabajar así con nadie. Me sentiría como un robot si me dieran órdenes muy rígidas para hacer algo. Sin embargo, no recuerdo muy bien cuáles referencias utilicé para Curandero. Tengo pésima memoria.

No te preocupes. Podemos saltar en el tiempo y hablar de tu última película: Fright Night 2: New Blood, el remake de la película de culto de los años 80. Cuéntame cómo fue el proceso de reinterpretación de la película. ¿Cómo se alejaron del estigma de hacer un remake?
Fright Night 2 tiene un problema desde el comienzo. El remake de Dreamworks no le fue muy bien, entonces los productores se llevaron la película a Fox, quienes tenían un año para hacer la película antes de que se vencieran los derechos. Cuando me llaman, el proyecto ya estaba hecho: el presupuesto pautado, el guion hecho, los equipos seleccionados. El director podía imponer su estilo, pero estaba limitado a jugar con los juguetes que le dieran.

El guion, era casi idéntico a la película original. De hecho, al principio el personaje del vampiro no era mujer, así que la historia era fundamentalmente la misma. Lo único que cambiaba era que ocurría en Rumania. Sí tuvimos que trabajar rápidamente en hacer ciertos cambios fundamentales. Cambiamos el vampiro de hombre a mujer y agregamos varias escenas. Pero todos los cambios fueron muy concretos.

Yo no estaba muy convencido de titular la película Fright Night 2, porque no era una segunda parte, realmente era la misma película. No era como Alien 2, que era justamente la secuela de Alien que uno quería ver: la progresión de la historia. Pero al final lo que pudimos agregar fue el subtítulo: Fright Night 2: New Blood. Fue una decisión de marketing.

Pero sí, mucha gente fue muy dura con la película. Yo leía algunas cosas que escribían en blogs y comentarios. Decían que éramos unos malditos y que nos teníamos que morir por haber hecho una secuela poco digna. Realmente yo creo que todos lo hicimos lo mejor que pudimos. Lo que pasa es que no teníamos mucho con qué trabajar.

Por lo que veo no estás muy contento con el resultado final.
Sí, sí estoy. Todos trabajamos con el corazón. El equipo y la gente de Rumania todos sensacionales, muy creativos y profesionales. La experiencia de la película fue realmente positiva. Fue divertido y creo que hay momentos muy buenos en la película. Creo que todos dimos lo mejor. Sin embargo, estoy consciente que el material con que estábamos trabajando no nos daba la oportunidad de hacer algo más original o más fresco. Desde el principio la película iba a ser un remix de algo que ya habíamos visto.

Una de mis partes favoritas de Fright Night 2: New Blood es cuando vemos a Gerri Dandrige alimentándose por primera vez. Aparece ella con el cuerpo envejecido y deforme y empieza a seducir a una chica desnuda, tocándola con la sombra. Es muy erótico, y muy Nosferatu (1922).
Qué bueno que me dices eso. También es mi parte favorita de la película.

Jamie Murray hace una genial vampira. Su lado humano es culto y seductor y su lado vampiro es animal e intimidante. Siempre me ha encantado ella, tanto en Spartacus, como en Dexter. ¿Qué tal fue trabajar con ella?
Ella es genial. Lamentablemente tuvimos poca oportunidad de ensayo. Hablamos mientras ella estaba en Inglaterra antes de irnos todos a Rumania. Recuerdo que el primer día de filmación ella no quería hacer acento inglés, que es su acento natural. Ella quería hacer acento rumano. Y me mostraba el acento rumano que había practicado, que debo confesar era bastante bueno. Pero es que su acento inglés es tan seductor y tan hermoso, que la tuvimos que convencer. Estoy contento de haberla podido convencer.

Veo también que te gusta trabajar, tanto estética como conceptualmente, con el encierro. Es un tema central en Stash House, en Daughter y en el capítulo The Circle de la serie de terror Fear Itself. El Gringo también trabaja con un pueblo desolado controlado por narcotraficantes del que no hay escapatoria, y en Fright Night 2 el sueño de la condesa es escapar de la oscuridad. ¿Qué es lo que te llama la atención del encierro?
Me da risa. Yo no me auto psicoanalizo mucho. Pero ahora que me dices eso, pienso en el guion que estoy escribiendo ahorita: es acerca de una gente que no puede salir de una casa. Realmente creo que todo se resume a querer algo que uno no tiene, creo que esa sensación se asemeja al encierro, al encarcelamiento. Esa ansiedad de no poder ver lo que está enfrente de ti, de no poder alcanzar lo que deseas. Recuerdo cuando estaba haciendo Daughter, ese cubo al final, el infierno. Yo no creo en nada, mucho menos en el infierno, pero si el infierno existe no sería un lugar lleno de llamas y gritos, sería un lugar para lidiar con uno mismo. No tener otra opción que la de lidiar con uno mismo hasta el fin de los tiempos. Para mí ese es el verdadero infierno.

¿Crees que también tenga que ver con la necesidad de pertenecer?
No creo. Sí he sentido que quiero algo más, pero nunca he sentido que no pertenezco. Ni acá, ni en Venezuela, ni en México, ni grabando en Rumania o en Bulgaria cuando hicimos El Gringo.

Ya va. ¿El Gringo lo hicieron en Bulgaria? ¿No lo hicieron en un pueblo de la frontera mexicana?
No, no. Lo hicimos en Bulgaria. Yo siempre me peleo con los productores. A veces me siento como un niño malcriado. El Gringo era lógico que lo grabáramos en México. La historia estaba pensada para México y yo ya tengo experiencia trabajando allá. Sin embargo, por alguna misteriosa razón, el productor ya tenía pautado grabar en Bulgaria. Para mí esto no tenía ningún sentido. Creo que Bulgaria es el lugar más distinto a México que podíamos encontrar. ¿Por qué me hacen esto? ¿Por qué elegir el lugar que menos se parece a México? No hubo manera de hacerle cambiar su parecer.

Yo llego a Bulgaria, e instantáneamente empiezo a pensar que la película iba a ser una porquería. No había México en ninguna parte. Ningún lugar de México se parecía a nada en Bulgaria. Tenían un pueblo en uno de los estudios de Bulgaria, pero era un pueblo como del lejano oeste. Yo trato de ser razonable, yo entiendo que no hay tiempo ni dinero. Pero a eso yo no iba a acceder. Teníamos que buscar algo en Bulgaria que se pareciera a México. Uno de los productores tuvo la idea de visitar un pueblo de gitanos en Bulgaria. Yo no sabía, pero allá hay todo tipo de problema con los gitanos: raciales, económicos y culturales. Yo creo que en Venezuela no hay nada parecido, y espero que en ninguna parte lo haya. Son unos marginados totales. Jamás había visto algo así, es una mezcla muy extraña de miedo y odio muy fuerte.

Fuimos al pueblo gitano y fue perfecto. Las casas estaban hechas de ladrillo y de cartón y las calles de tierra. Todo el equipo estaba aterrorizado, las mujeres decían que las iban a violar. El productor habló con todos y los convenció de que ese era el sitio. Como era la primera película que se grababa en el pueblo gitano, una película que ellos pensaban era de Hollywood, todo el mundo se portó de forma ejemplar. Nos daban desayuno, les pedían autógrafos a los actores y estaban encantados de ayudar en lo que pudieran.

Quizás todo fue por orden de los jefes del pueblo, lo de los Gypsy Kings es verdad. Tienen un jefe que da las órdenes y nadie se atreve a desafiarlo. Sin embargo, yo volvería a ese pueblo sin dudarlo. Fue el mejor sitio donde pudimos grabar.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy trabajando ahora en tres guiones. El que te comenté acerca del encierro: una chica se da cuenta que sus roomates cambian cada día, pero solo ella parece percatarse. Hay un misterio y una explicación detrás de eso, pero no te lo voy a contar. También estamos desarrollando dos guiones más: uno se parece a The Thing, de Carpenter, pero en la jungla. Destapan una bacteria que vive de electricidad en un templo ancestral y empiezan a morir los arqueólogos uno por uno. Estoy hablando también con otro escritor, para desarrollar una idea en la guerra en Irak, destapan un poder natural más destructivo que todas las armas que se utilizaron para la guerra.
Siempre buscando qué hay del otro lado de la pared.

¿Qué te da miedo en el mundo real?
Nada. Realmente nada. Cuando era pequeño todo me daba miedo. Recuerdo una serie que veía en Venezuela, Ultramán. Era como una mezcla de Godzilla y Power Rangers. Los monstruos eran evidentemente señores dentro de disfraces y las ciudades eran claramente maquetas de edificios. Más falso imposible. De todas formas, yo lo veía y no podía dormir en la noche del miedo. La primera vez que vi Jaws no pude dormir por una semana. Mi mamá odiaba que viera películas de terror. Pero ya al crecer uno va perdiendo la fantasía. La realidad se apodera de uno. De alguna manera es liberador, ver el mundo sin tanta ilusión, la realidad también es intrigante.

¿Quién dijo miedo?

 

 

Gabriella Mesones Rojo

Estudiante de Artes en la UCV, Caracas. Escritora de cine y crónicas. @unamujerdecente

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