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ERNESTO AGUILAR: "QUEREMOS HACER UN CINE ORIGINAL"

el  Martes, 31 Marzo 2015 17:43 Escrito por 

ENTREVISTA A ERNESTO AGUILAR, CINEASTA ARGENTINO: “QUEREMOS HACER UN CINE QUE SEA ORIGINAL, QUE NO COPIE FÓRMULAS SINO QUE MÁS BIEN LAS TRATE DE BUSCAR”

El maestro Carl T. Dreyer alguna vez dijo que la verdadera búsqueda de un artista se encuentra en la definición de un estilo propio. En este sentido, quien haya visto una película de Ernesto Aguilar no podrá negar que se está en presencia de un verdadero artista del cine. Con poco más de 40 años y más de 20 películas en su haber, esta verdadera bestia del cine independiente ha sabido construir una carrera en el medio a base de un estilo de producción muy personal, que a la vez representa una posición ideológica y filosófica frente al mundo y sus problemas.
Scifiworld LA tuvo la oportunidad de entrevistarlo con la excusa del estreno de su última película, La Secta, en el último Buenos Aires Rojo Sangre.


EA: En la década de los ’70 y los ’80 había un concepto. La gente no se juntaba a filmar porque sí. Hoy en día muchos se juntan a filmar porque hay un productor con plata y quieren hacer más. Roger Corman alguna vez dijo algo que me marcó: ‘yo hago cine de terror porque me interesa el aspecto político del cine de terror’. Cuando hablamos de vampiros, de zombies o de hombres lobo, uno habla de una realidad que no parece estar ahí, de nuestros miedos más profundos y reprimidos. Entonces yo entiendo el cine de género como una ventaja. Hoy, el cine de género está muy bastardeado no sólo por los espectadores sino por la gran maquinaria industrial yanqui. Pero no deja de ser la mejor forma de retratar la realidad, las problemáticas cotidianas, aunque de manera indirecta, obviamente. El cine de los ’70 y los ’80 estaba muy atento a eso, pero también los estudios no eran diez abogados que se juntaban a hacer una película. Había un productor que decidía y elegía los proyectos.

 

JM: No tener mucho presupuesto imagino que complica un poco el tema de la difusión. Desde Margen Cine, tu productora, ¿cómo hacen para contrarrestar eso?

EA: Ese es el gran tema. Hoy en día, la difusión es el cuello de botella. Supuestamente, hoy en día los medios de comunicación, las pantallas, los sistemas de entretenimiento y demás, nos venden que son democráticos, y en realidad el sistema es mucho más cerrado que hace diez años atrás.

 

JM: Pero, al menos en Argentina, hay más canales digitales y medios públicos para difusión.

EA: Sí, hay más canales, pero es algo perverso. Pasa lo mismo que con la música. Tenés una banda de rock, sonás muy bien, sacaste un disco con mucho esfuerzo y lo lanzás en Internet. Estás en la ruta, pero es como tirar una botella con un mensaje en el medio del océano. Tiene tantas posibilidades de que llegue como eso. La única forma que yo veo de luchar contra esa falencia es que los mismos cineastas se reúnan, se agrupen, se junten, y lamentablemente eso hoy no es algo tan dado para lo que pasa en Argentina. En Chile, por ejemplo, sí ocurre. En Argentina va cada uno por su lado. La cuestión de producir películas y que terminen en el BARS, que es el mínimo escaparate que tenemos, es triste.

 

JM: ¿Entonces no sirve el Buenos Aires Rojo Sangre?

EA: Sirve como punto de partida. Hay que imaginarse si no estuviese. Pero lamentablemente no alcanza. Hoy en día, en el INCAA (nota: el Instituto de Cine de Argentina) creo que falta un criterio para agrupar películas que no entren al sistema, porque se las trata como si no existieran. Todo director argentino hoy en día tiene una cuota de alma de productor. El INCAA presenta al productor y al director como dos cosas separadas pero hoy están íntimamente unidas. No hay políticas para integrarlos al sistema. Debería haber algo como lo que ocurre en el fútbol, como esos managers que van a buscar nuevos talentos a los pequeños clubes de los pueblos del interior. Pero al Estado parece no preocuparle buscar gente que renueve la pantalla. Importan los contactos, la lógica de ir y hacerte amigo de uno de los tipos que cortan el bacalao y a los que siempre les aprueban los proyectos. Entonces, dentro de toda esta lógica, se produce como se puede y se choca al final del camino con el tema de la distribución. Nosotros creamos Margen Cine pensando en algo que ya está pasando. ¿Cuál es el camino lógico de una película en Argentina? Estar una semana en alguna sala pequeña, si es que llegan, porque muchas quedan en la nada. ¿Y toda esa producción dónde va después? ¿Por qué no aceptar a Internet como lo que es y usarlo? En algún momento surgirá el fenómeno de tener un sitio de Internet para el cine de género independiente que sea lo más internacional posible y que se puedan poner todas las energías de todos en ese punto. Igualmente creo que hay que pelear por los espacios en sala, pero es una lucha que tiene que ser entre todos y no la de cada uno mirándose su propio ombligo.

 

JM: Todo lo que es la modificación del sistema actual es un proceso legal y político que va a llevar mucho tiempo. Entonces, desde Margen Cine, en lo inmediato, ¿qué herramientas tienen como para poner esto en marcha? Margen Cine está. ¿Y el resto? ¿Encontrás gente a la que le interese formar parte de eso?

EA: Sin duda. Yo ahora en Margen Cine estoy más como productor. Hace años que vengo pensando formas de afinar el esquema, y un poco también como para dar el puntapié inicial. Me sirvió mucho la experiencia como director y estuvo genial, pero ahora tengo que ponerme en el rol de productor para que esto empiece a generar lo que tiene que generar. Necesitamos nuevos guionistas, nuevos directores, equipos nuevos que se puedan sumar. Tenemos que tener como horizonte el hacer un cine que sea original, que no copie fórmulas sino que más bien las trate de buscar, que sea un lugar de exploración del lenguaje, no sólo del cine de género sino del cine en sí, y que a su vez genere un tipo de contenido que sea mucho más jugado en el concepto, que no tenga miedo de pasar por ningún comité, de tener que gustarle a un productor que lo único que busca es una fórmula para tener actores conocidos y hacer dinero. Nosotros reivindicamos el amor al cine en todas sus facetas. La premisa siempre es pocos actores, pocas locaciones y mucha cabeza. Tiene que ser un espacio democrático de verdad para los actores. La política ex profeso es no incorporar actores conocidos, buscar actores en el under. Aún teniendo dinero, no vamos a contratar actores conocidos. Se trata básicamente de poner en práctica la utopía de hacer un cine verdaderamente independiente, que sea un espacio de desarrollo, una forma de exploración de nuevos escenarios audiovisuales que incluya no sólo a la televisión e Internet sino también a las nuevas plataformas y formatos, como los celulares. Cada vez más se necesita hoy en día un show como eran las varieté de antes, en los inicios del cine. Hay que dejar de concebir al cine como una experiencia de mero entretenimiento. Eso puede servir para las grandes producciones, y cada vez más el cine que queda afuera de eso termina teniendo gravísimos problemas de distribución. Y eso le pasa incluso a las películas que pasan por festivales importantes como el de Cannes. La película que logre traspasar el formato es la que va a dejar libre un camino nuevo a los nuevos realizadores. Nosotros confiamos en que esa película va a llegar, una que tenga una forma de distribución inteligente y que allane el camino de nuevos circuitos de distribución.

 

JM: ¿Creés que al espectador promedio lo va a seducir esta nueva experiencia?

EA: Nosotros creemos justamente en que la lógica del espectador medio es la lógica de los productores de hoy y es una idea vieja. El espectador promedio no existe. Para nosotros, esa figura le hace muy mal al cine. Bajo esa lógica se rechazan proyectos y no se deja crecer al cine independiente. La gente todavía quiere ver historias. Y en esas historias la identificación aún sigue funcionando como lo hacía en la Grecia Antigua. De lo que estamos seguros en Margen Cine es que hoy en día nadie sabe nada. Dicen que conocen al espectador medio, dicen que saben lo que va a pasar con el cine, pero no saben nada de nada. Hay todo un campo de exploración como el que estamos proponiendo en el que proponemos interactuar con los exploradores. Con esto no digo que queremos hacer esto para construir un cine populista solamente, sino que queremos demostrar que el espectador que va a ver un cine pochoclero en 3D lo hace más bien por una cuestión cultural y nada más. El cine argentino pierde día a día más pantallas, ya no es la sensación que era en los festivales internacionales, está perdiendo la cuota de distribución que tenía.

 

JM: Creo que también hay demasiado ombliguismo en algunos directores.

EA: Es que es un cine que mira para adentro. Si no se construye una relación con el espectador, nos va a ir muy mal. Esa es la clave. Y para eso hay que permitirse la crítica, hay que permitirse fallar y trabajar mucho. No vale vivir de un subsidio del INCAA y filmar cada dos o tres años porque se vive tranquilo cobrando mucho dinero y trabajando sólo 3 meses de tu vida. Esa es la fácil que se ve muchas veces y habla un poco del cine que tenemos y también de la sociedad que tenemos. El cine latinoamericano hoy está muy lejos de lo que era en los ’90. Hoy hay una película venezolana como precandidata al Oscar. Y la película paraguaya 7 Cajas es maravillosa. Hoy el cine argentino tiene que competir contra todo eso. Hace unos años ese partido se ganaba caminando, y hoy ya no es tan así. Hay que dejar un poco la soberbia de lado, desligarse de toda esta gente que dice conocer al espectador promedio y que termina en un cine insostenible si no fuese por el dinero del INCAA.

 

JM: Volviendo al BARS, ¿cómo fue la experiencia con La Secta?

EA: Fue muy buena. Estamos muy contentos de participar en el BARS otra vez. Venimos participando desde hace muchos años. De hecho, yo participé en la primera edición así que somos históricos en el Festival. Creo que estuvimos en más de la mitad de las ediciones del BARS. La Secta es una propuesta de hacer un cine no realista, con un tema de fondo como el de la trata de personas. Nos divertimos mucho haciéndola y ahora estamos viendo de estrenarla comercialmente en salas, al igual que otras películas de Margen Cine. Como siempre, aprendemos mucho de las proyecciones del BARS. Es un público muy generoso al que le gusta ver cine, aunque lamentablemente no es el mundo real. Siempre es un momento grato.

 

JM: ¿Cómo se filmó la película?

EA: Se filmó manteniendo nuestro esquema de rodaje, pocos actores, pocas jornadas de rodaje, pocas locaciones. Recurrimos a ciertos elementos teatrales, incluso. Usamos mucho lo que es ese tipo de cine donde importa más el concepto, lo simbólico, para también contar la historia de una forma que sea particular, no tradicional.

 

JM: O sea que no es el terror tradicional que el espectador común pretendería ir a ver al BARS. Digo porque estaba en competencia con películas de corte más clásico.

EA: Sí, de hecho a los chicos del BARS se nota que les resulta bastante difícil clasificar el cine que hago. De hecho, la primera película que presenté en el Festival hace ya 15 años, El Planeta de los Hippies, como era una película tan desquiciada, me ponían junto a directores de cine de terror, pero en realidad yo empecé a hacer cine de género hace apenas un par de años. Sí siempre integré elementos de ese tipo de cine, pero me gusta jugar más con los climas densos o pesados pero no tan de frente hacia el género. Siempre me gustó jugar con el absurdo o elementos incluso de comedia y humor, que sea todo una mezcla. A mí lo que me mueve es contar historias, y muchas veces hay proyectos que te quedan en carpeta. Probar trabajar en cooperativa o con grupos reducidos de trabajo me sirvió mucho.

 

JM: ¿Empezaste con esa idea o eso es algo que se fue dando con el tiempo?

EA: Empecé con esa idea. Pero el interés fue siempre el mismo: contar historias como se pueda, y quizás por eso también hay muchos directores que tienen un único método de trabajo, pero yo puedo decir que tengo varios. He filmado películas cuyo guión era de apenas dos páginas. Armé la película en el momento. Como también he filmado películas donde había un storyboard y tres o cuatro semanas de rodaje. Filmé en Mini DV, Super 16, 16 milímetros, 35 milímetros, HD. Me voy adaptando a lo que sea. Creo que la forma final sigue siendo contar una historia.

 

JM: Veo que confiás mucho en tu propia intuición.

EA: Sí. Últimamente no me queda otra cosa que hacer eso (risas). Es el recurso más importante. Pero también es fundamental contar con un equipo organizado. Una película es en gran parte el fruto del trabajo de un equipo, el cine es trabajo en equipo. Que uno pueda hacer una película en una semana y después poder estrenarla es producto de la continuidad de filmar, de encontrar un método. Yo no creo que para hacer una buena película haya que estar tres años con un guión y dos años con el INCAA. A medida que pasa el tiempo se pierde objetividad. Y la mayor tragedia para alguien es perder objetividad de su trabajo. Y creo que eso le pasa a muchos porque no filman, porque están años planificando una película, y cuando la hacen quieren hacer El Ciudadano Kane. De hecho, el cine argentino está lleno de directores que apenas tienen una película o dos y se quedaron ahí por la frustración. Nosotros decidimos que no nos va a pasar eso. Antes de eso, los vamos a inundar de películas. La cuestión acá es ideológica. Siempre lo es. Es empezar a ver que el cine se puede hacer de muchas maneras, no como nos dicen desde las escuelas de cine o desde el INCAA. Eso es una forma de tantas. Lo que termina viendo la gente es una historia. Esa historia se puede haber filmado en dos días o en diez años, pero lo importante es que la historia llegue y no cómo se hizo. Eso es un medio, y el fin es que la película le llegue al público.

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