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Entrevista: El universo surrealista de Carl Zitelmann

el  Lunes, 09 Febrero 2015 20:24 Escrito por 

Flamingo, del director venezolano Carl Zitelmann y musicalizado por La Vida Bohème fue merecedor del premio en la categoría de Mejor Video Musical Versión Corta en los Latin Grammy 2014.

Carl Zitelmann se ha convertido en uno de los realizadores audiovisuales más interesantes a nivel nacional. Sus videoclips han acompañado la música de Amigos Invisibles, Famasloop, La Vida Bohème, DJ Trujillo y Americania a través de innovadoras exploraciones estéticas y técnicas. Actualmente disfruta de los frutos de su último cortometraje, Flamingo, que resultó ganador del premio en la categoría de Mejor Video Musical Versión Corta en los Latin Grammy 2014. Musicalizado por La Vida Bohème con el tema de mismo título, Flamingo narra la historia de un niño y de su viaje por distintas estancias del mundo de los muertos. Scifiworld Latinoamérica se reunió con el director para hablar acerca de la creación de Flamingo.


¿Cómo nace la idea de hacer un cortometraje animado que ilustra la canción Flamingo de La Vida Bohème?
Esta idea nace al poco tiempo de empezar a trabajar con La Vida Bohème. Mi primer video con ellos fue Radio Capital, un video con poquísimos recursos y que se logró hacer en un día con la colaboración del equipo técnico. Después de este video yo quería hacer un video de mi tema favorito del disco, Flamingo. El autor del tema, Henry d’Arthenay, me dice que es un tema acerca del amor no correspondido, el despecho. Quizás no necesariamente un despecho romántico, sino un despecho por las cosas que uno no consigue en la vida, o las cosas importantes que uno pierde. Mientras Henry me hablaba de todo esto, las imágenes que venían a mi cabeza eran las de las primeras animaciones de Disney como la Danza de los Esqueletos; animaciones de Max Fleischer, como Betty Boop o el Gato Felix. Se me ocurrió entonces la idea de hacer un video animado inspirado en los trabajos de los pioneros del mundo de la animación.

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Una vez que tuve esta idea empezamos a desarrollar un guión, con un concepto más concreto, no solamente un concepto visual sino un concepto narrativo para el video. Esto fue en el año 2009. Sin embargo, cuando ya teníamos toda la idea nos dimos cuenta que necesitábamos fondos para hacer esto. Cuando uno hace un video animado, así sea de cinco minutos, necesitas una cantidad de recursos dedicados al proyecto, al menos por tres meses. Tuvimos que abandonar el proyecto cuando nos dimos cuenta que era muy ambicioso.

Tres años después de hacer Danz, César Elster, el manager de La Vida Bohème, y yo empezamos a explorar la posibilidad de convertir el video en un corto animado, inspirados por las cosas que había hecho LCD Soundsystem, que toman un teman y lo acompañan con un cortometraje. No es un videoclip, sino un cortometraje musicalizado. Un proyecto fusión entre un concepto visual y la música de la banda.

Decidimos entonces adaptar el guión para que fuese un cortometraje, de la misma forma que adaptamos la música a la propuesta visual. Una vez que nos aprobaron el proyecto fue que tuvimos los recursos, y gracias al aporte del CNAC fue que pudimos realizar la producción. Nos tomó un año completo desde la conceptualización visual, el storyboard, la animación y la postproducción.


Sabemos que Flamingo fue hecho a mano y posteriormente coloreado de forma digital. ¿Por qué eligieron este método? ¿Qué tal fue trabajar con un proceso analógico para la animación?
Originalmente se dibujaba en celdas de acetato, así que decidimos hacer el proyecto con animación por celda. Estas celdas se colocaban encima de los fondos y se fotografiaban. Este fue la forma en la que Disney hizo desde Blanca Nieves hasta La Sirenita. Pero nosotros quisimos aprovecharnos de la tecnología digital, tener lo mejor de los dos mundos. En lugar de dibujar sobre celdas de acetato, se dibujó sobre papel bond. Luego los animadores limpiaban los dibujos, los escaneaban y luego se colorizaban. En lugar de fotografiarla nosotros componíamos todo en After Effects. La animación tiene la textura de la animación tradicional, porque todos los personajes están animados a mano, pero la composición y todo el proceso de postproducción sí se hizo de manera digital.

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¿Cómo se une el equipo de trabajo y qué metodología utilizan para la realización del proyecto?
La idea surge de mí, y fue posteriormente desarrollada entre Henry, César -que además de ser manager es escritor- y yo. Empezamos a echarle cabeza al desarrollo de las ideas y luego yo por mi lado iba escribiendo el guion, hasta que los tres estuvimos satisfechos.

Una vez tuvimos el guion, reclutamos a Leonardo Gonzáles. Él fue el que le dio el look a la animación a partir de las referencias que le dimos: el Gato Félix, La Danza de los Esqueletos, Merry Melodie. Leonardo que tiene un estilo muy similar a este tipo de trabajo, empezó a diseñar los personajes: el niño, los pelicanos, las arañas, los personajes del cementerio, los peces. Lo que hizo Leonardo fue crear todo un universo surrealista de una manera consistente.

Toda la fase de preproducción la hicimos con Leonardo, ya que él fue quien diseñó todos los personajes, los character sheets y las poses claves de los personajes. Una vez que tuvimos el proyecto aprobado, empezamos a reclutar un equipo más grande. Reclutamos animadores 2D, que hacen trabajo en papel, es decir animación por celda. Lo hicimos a través de un proceso de outsourcing: a cada animador le delegamos una o dos escenas dependiendo de su disponibilidad. Ellos trabajaban en su tiempo libre y cuando terminaban las escenas las pagábamos. Había animadores especializados que se enfocaron en algo muy específico: en los efectos del agua, el humo, las nubes, el líquido de la pintura, las partes de las partículas, la animación de los personajes, etc. Otro chico se dedicó exclusivamente a escanear y colorizar. Conforme íbamos teniendo todo colorizado, los montábamos en los fondos ilustrados por Pablo Iranzo. Posteriormente, Fernando Guerrero, el director de Postproducción de Kó films, integró los fondos, los personajes y los efectos. Entre los dos íbamos armando cada una de las escenas y las montábamos con la música.
En la parte musical, Henry arregló y regrabó el tema con otros instrumentos. También contamos con el apoyo de Pararrayos, el estudio de Alain Gómez de Famaslopp, quienes se encargaron del foley. Leonel Carmona fue quien hizo toda la mezcla final para el corto. Luego unimos imagen con audio.

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Hemos visto varias animaciones de Max Fleishner en las que los personajes se adentran en una suerte de submundo onírico. Sin embargo en Flamingo pareciera ser que prefieren manejar un lenguaje mucho más abstracto y surrealista en cuanto a la estructuración de la narrativa. ¿Qué los inspiró durante el diseño de cada etapa del viaje del personaje principal?
Creo que la historia está, a nivel visual, completamente inspirada en los trabajo de los pioneros de la animación. Pero a nivel conceptual efectivamente quisimos hacer algo más moderno. Quisimos que fuese algo abstracto como el tema. Cuando uno escucha Flamingo, el tema no es demasiado explícito desde el punto de vista de la lírica. Ahora, las palabras junto con la música inspiran unos sentimientos muy claros. Por lo menos en mi caso, cuando escuchaba el tema había algo de mí que se revolvía. Es definitivamente mi tema favorito de Nuestra.

Quise hacer algo parecido con el video. No quise hacer una historia muy explícita, pero sí quería que la imagen de alguna manera reflejara lo que uno siente con la música, ese despecho emocional que al final te lleva a un punto de esperanza. La historia está un poco inspirada en la Divina Comedia, donde a lo largo del descenso al infierno, el personaje se da cuenta que la única forma de llegar al paraíso es tocando fondo. Un despecho es algo así, uno se va hundiendo hasta que llega un punto en el cual tienes que dar el último salto para salir adelante.

Agarramos la estructura de la canción y utilizamos cada estrofa como una etapa. Cada vez que la canción dice “…otra vez” el personaje se hunde un poco más hasta que llega al final. Al hacer el último salto se rompe con ese celofán con el cual tiñe su mundo de color. No mucha gente se da cuenta, pero la escena a la que él niño llega es el mismo cementerio con los mismos personajes, pero ahora lleno de vida.



Tu primera aproximación al cine fue a la animación. Fue esto casualidad o ¿hay alguna cualidad de la animación que hace que la prefieras al live action?
La realidad es que yo crecí viendo comiquitas. Yo era un adicto a la televisión. Probablemente yo pertenezca a la primera generación de niños que de verdad pasaron la mayoría de su tiempo libre frente al televisor. Veía desde Mazinger Z a otras animaciones japonesas como Supermagnetrón o El Vengador. Eran las comiquitas que venían en los ‘80 y que veíamos por Venevisión y el Canal 8. También estaban comiquitas como Cool McCool, creada por Bob Keane, el creador de Batman. George of The Jungle, Tom y Jerry; mucho Disney de los años treinta y cincuenta, las comiquitas que nos inspiraron para Flamingo.

Mi abuelo trabajaba en el Canal 8 como operador de máster. Cuando me llevaba, me hacía unos flipbooks y me explicaba el principio de la cinemática y de la animación. Después era yo el que estaba haciendo flipbooks para divertirme.

Cuando estudié ingeniería de computación me especialicé en computación gráfica. Me llamaba la atención toda la parte de la animación 3D, las innovaciones del software de modelado. Empecé a aprender el uso de este software de manera autodidacta y mis primeras animaciones eran terribles. Cuando me gradué decidí tomar un empleo como ingeniero de software, y me dediqué a la parte empresarial, pero seguía dedicando mi tiempo libre a la animación.

Despues hicimos Automata. Fue mi primer corto animado y un proceso increíble de aprendizaje, en conjunto con un grupo de amigos de la Universidad Simón Bolívar. Nadie del grupo sabía mucho más que utilizar el software. Aprendimos no solo de animación, sino de cine: montar una escena, el staging, el uso del tiempo y del ritmo.
Posteriormente apliqué para estudiar dirección de cine en la National Film School, y ellos me recomendaron que estudiara dirección de animación debido a mi perfil. Sin embargo mi mejor amigo en la escuela es cinematógrafo y aprovechábamos para sacar provecho de los equipos de la escuela haciendo actividades extracurriculares con imagen real. No sé si mi trabajo sea más fuerte en animación o en imagen real, pero sin lugar a duda mis inicios vienen de la animación, era el recurso que tenía a mano.


¿Cuáles son tus próximos proyectos de animación?
No hay próximos proyectos de animación. Estoy concentrado en mi película, una adaptación de la novela Un Vampiro en Maracaibo de Norberto José Olivar. Los proyectos de animación me encantan, me divierten muchísimo, pero por ahora prefiero concentrarme en hacer largometrajes. Plantearse un proyecto de animación en formato largo sería demasiado ambicioso; necesitaríamos una disponibilidad de tiempo, una dedicación y una cantidad de dinero absurda. Y aun así, nunca podrás competir con grandes estudios que actualizan el software todo el tiempo.

 

Gabriella Mesones Rojo

Estudiante de Artes en la UCV, Caracas. Escritora de cine y crónicas. @unamujerdecente

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